Érase una vez un estudio

Siempre he evitado retratar en un estudio, ya que prefiero –aún no facilitando esto mis quehaceres– salir a la calle con mi cámara, deambular de aquí para allá y «colarme» en lugares especiales, aunque sean aparentemente inaccesibles; sin embargo, desde hace algunos años, regento, en colaboración con mi consorte, un pequeño estudio fotográfico (¡y de maquillaje!) situado en pleno centro histórico de la ciudad de Málaga, a escasos minutos de la celebérrima calle Marqués de Larios, desde el cual producimos algunas virguerías dignas de ocasionar un inevitable arqueo de cejas en el más severo de los semblantes.


Si bien es cierto que los estudios fotográficos han cambiado muchíííísimo desde que Félix Nadar regentase el suyo en el número 35 del boulevard des Capucines (sí, el mismo lugar donde, en 1874, se expuso Impression, soleil levant, de Claude Monet, el cuadro que dio nombre al movimiento impresionista gracias a la inquina de un «impresionado» Louis Leroy), los clientes comprobarán que el nuestro mantiene el carácter artesanal y familiar de los estudios de los fotógrafos provincianos, con una disposición bastante típica de la época heroica del retrato fotográfico, muy parecida a la que inmortalizó el pintor lionés Pascal Dagnan-Bouveret a finales de la convulsa década de 1870.

«La noce chez le photographe» (1879), de Pascal Dagnan-Bouveret, inspiración para el estudio de Arlet de Soler en Málaga.
La noce chez le photographe (1879), de Pascal Dagnan-Bouveret.